EDITORIAL

¿Qué es salud y enfermedad en el sentido vitalista?

Salud: es la libre expresión, circulación de la energía a través del cuerpo y la mente.

Enfermedad: es toda alteración u obstrucción en la circulación armónica de la energía, a través de todo el cuerpo y de la mente.

Falta de coordinación o balance ente el microcosmos y el macrocosmos.

Fuerza vital: aquello que anima el organismo, lo que da la vida; aquel principio unificador del todo viviente que hace que, n su presencia, este la vida, y en ausencia este la muerte.

Pero en la medicina tradicional, enfermedad es la perdida, disminución o alteración de la función de un órgano o sistema; y salud el silencio de los mismos.

Es decir que cuando hay miedos, resentimientos, pesadillas, irritabilidad, o no nos podemos brindar al otro como deseamos, por estar de mal humor, o simplemente por estar cansados de la vida rutinaria, y sin compensación aparente ¿No estamos aquí, en estas condiciones también en desequilibrio, y propensos a enfermarnos?

Estamos cansados de escuchar: ¡No sé que te quejas!.

El estado de tristeza, la culpa, el resentimiento, la envidia, los celos... etc. disminuyen, alteran y obstruyen inevitablemente el funcionamiento de nuestra mente y cuerpo, así como también, el asma, la menopausia, la psoriasis, gastritis o acné. ¿Cuál es la diferencia?.

La diferencia esta en los diferentes planos en lo cual la enfermedad queda establecida. Pero para el homeópata como para otros terapeutas, primero hubo un mal sentir, luego un mal actuar, y luego la alteración o disfunción, o patología del sistema o del órgano; que solo manifiesta una parte de la enfermedad, lo visible, y ese síntoma u enfermedad, es el mensajero que trae la noticia que algo esta entrando en erupción, en lo mas profundo del ser y solo desaparecerá cuando comprendamos ese mensaje.

Pero, mediante una acción externa, solo se mejora el cuerpo, no el desequilibrio que provoca el síntoma, entonces la enfermedad vuelve a aparecer una y otra vez, en la misma o en diferentes formas.

La enfermedad es solo el efecto, no la causa. Solo la apertura y reequilibrio de estos canales energéticos, permitirán que las energías circulen, se equilibren, y se expresen libremente en mi.
Una actitud fundamental, es aprender a restablecer la armonía de la energía vital, y es aquí donde las distintas terapéuticas para lograrlo.

La Homeopatía ofrece el equilibrio desde los planos más profundos hasta él más superficial, no hablando de la hepatitis de la cama 23, sino de Marcela, que luego de tener un gran disgusto, desencadeno la enfermedad, pero no como un proceso psicosomático.

Es necesario “meterse “ en el enfermo. Solo identificándonos con él podremos comprender sus reacciones y sensaciones. Lo que debemos esperar del enfermo que ha recibido el Similimun, es que se condicione para vivir en actitud positiva, en el que desarrollara la inteligencia, la intuición, su capacidad de simpatía, cordialidad y amor, su sentimiento de comunidad con las personas, elementos esenciales de su capacidad creativa fundamental, que lo abrirá al exterior, lugar donde, paradójicamente, se encontrara así mismo.

En la medida en que pueda acceder a ese centro vital del enfermo, será el Homeópata, bueno o mal, porque solo la captación de ese síndrome característica, le permitirá comprenderlo.
Solo crecemos en la medida que damos, es así que el crecimiento no se produce nunca de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia fuera (como la ley de curación).

Por lo tanto, si esperamos que el exterior nos dé felicidad, plenitud y amor será en vano. Solo en la medida que expresamos, que demos, crecerá nuestro interior. Por eso debemos liberar a cada persona de nuestras exigencias, porque es ahí donde empieza a ir mal. Nuestra vida debe tener la adquisición de amor y felicidad. Solo nuestra actitud lo determinará.

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